El amor en los tiempos del cliente: la relación con la agencia de publicidad

Por La de Cuentas
Twitter: @ladecuentas

Los clientes son esos seres que te piden el logo más grande,  que te mandan las fotos en Word, que te piden un león y sólo tienen para un gatito y adoptado, que quieren una idea con más “punch”,  que te dicen que su target son hombres y mujeres ABCDE+ de 0 a 80 años de edad que respiren, que te piden los ajustes para ayer,  el original para el sábado y sobre todo, que son mejores creativos que la agencia y con sólo usar Paint. Pero a pesar de todo, son esos seres con quien pasas el mayor tiempo de tu vida, a quienes llamas más veces que a tu novio y a quienes visitas más que a tu propia madre.
Acaba de pasar el día del amor y yo la pasé con la persona más cercana a mí, sí, con mi cliente. Trabajando, como seguramente muchos de ustedes. Así que hablemos de las cuatro etapas en la relación amor-odio entre el cliente y su agencia de publicidad.

Y es que la relación cliente y agencia es como un matrimonio, así con amor, sus peleas, sus berrinches, sus risas, sus llantos. Algunos se casan enamorados, otros por conveniencia y algunos más por imposición, y como toda pareja pasan por diferentes etapas:

1. ENAMORAMIENTO: Te coqueteo, te gusto, me gustas, ganamos el pitch. Somos perfectos. Qué habíamos hecho tanto tiempo separados. Ninguno tiene defectos. Nos hablamos con amor. Todas las ideas son maravillosas. La agencia anterior tiene la culpa.

2. CONFIANZA: Ya dejamos de hablarnos bonito. Nos celamos. Quieren que seamos exclusivos. Exigimos más de la cuenta. Empezamos a ver nuestros defectos. Todas las ideas les gustan pero quieren una nueva campaña para mañana AM.

3. LOCURA: Nos gritamos. No nos entendemos. Quieren todo para ayer. Queremos terminar. Empezamos a buscar un amante.

4. COMPLICIDAD: Ya nos reconciliamos. Nos volvemos a querer. Somos cómplices y nos desvelamos juntos para lo mismo. Al final somos ya un equipo. Algunos se casan para siempre, otros pasan a la siguiente etapa.

5. DIVORCIO: Estamos hartos. Ya pasamos mucho tiempo juntos. Dejamos de compartir objetivos en común. Nos divorciamos.

Todos pasamos por esas etapas.  Todas las cuentas, todas las agencias de publicidad, algunas etapas más prolongadas que otras, algunas son amores eternos.

Como en toda relación, al principio del enamoramiento todo es miel sobre hojuelas, pero después empiezas a querer matarte. Hay que saber cuándo ceder y decidir qué batallas vale la pena pelear. El cliente no siempre tiene la razón pero hay que ser pacientes y prudentes para poder manejarlo.

Lo cierto es que como en el amor uno debería casarse porque se comparte un propósito en la vida y porque se está dispuesto a tener un compromiso, nadie se casa para servir al otro, sino para tener un beneficio en común. Somos socios comerciales y estamos para aconsejar a los clientes, firmamos un compromiso para velar y cuidar de la marca como si fuera nuestra, tanto que de esto también dependen nuestros salarios. Si  esto fuera más claro y todos lo entendiéramos quizás la relación sería menos conflictiva.

Como el matrimonio, los clientes son para siempre. Aún si cambias de agencia o ellos de marca, si haces bien tu trabajo te seguirán buscando. Y eso es una gran satisfacción.

Todas las cuentas son el mismo infierno pero con diferente diablo, el chiste está en saber enamorar al diablo.

Acerca del autor: La de Cuentas (14 Posts)

Entre tuiteros la conocen como @ladecuentas. Es publicista con varios años de experiencia. Adicta al Twitter. No es especialista, pero le encanta opinar sobre temas relacionados con la publicidad. Ha trabajado en todo tipo de agencias ganando múltiples premios y enfermedades psiquiátricas.


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