El diagnóstico médico del publicista

Por La de Cuentas
Twitter: @ladecuentas

¿Workahólicos o Apasionados? Acabo de llegar del doctor con una dotación de medicamentos que cualquiera de ustedes envidiarían. Los síntomas eran simples: tenía dolor de cabeza, dificultad para respirar,  taquicardia, ronchas en la cara, unas ojeras impresionantes e insomnio, entre otras cosas.  Pedí una cita de urgencia con mi médico pensando que tendría un infarto en los próximos dos nanosegundos si no me atendían.
El doctor me revisó y me hizo unas cuantas preguntas. Cuando llegó a la pregunta de «¿A qué te dedicas?» , y escuchó mi respuesta  parece que supo cuál era mi diagnóstico. Le dije que era publicista y entonces me dijo: -Señorita, no voy a inventarle enfermedades, es muy claro lo que usted tiene: Es usted publicista. Enfermedades como estrés, depresión, ansiedad, gastritis, colitis, y un montón más, son enfermedades características de los publicistas. Un seguro médico especializado en nosotros sería todo un éxito.

Desde que era niña decidí que no sería médico como mis padres, me asustaba la idea de que de mi trabajo dependiera la vida de una persona y que cualquier equivocación de mi parte podría hacer que alguien muriera. ¡Y entonces decidí ser publicista! Nadie moriría si no entrego un original a tiempo o si el volumen no llega a la televisora.

No salvamos vidas, pero eso parece. Se nos va la vida en una entrega como si nuestro cliente fuera a quebrar por no tener un material. Y no es que no seamos responsables pero cargamos en las espaldas y en nuestra salud una responsabilidad de manera enfermiza.

Perdemos la salud por ganar más dinero y  luego perdemos dinero para recuperar la salud, no lo digo yo,  lo dice el Dalái Lama y esto se vuelve un negocio no redituable, al menos para nuestros lindos cuerpos.

Hay veces que no tenemos vida más allá de la agencia, comemos frente a nuestros lugares, salimos tarde y esto independientemente de la agencia o cliente con el que estemos, es un mal que traemos en nuestro ADN de publicistas. Y esta sobrecarga de trabajo tiene su nombre, algunos le llaman “workahólicos”.  Yo diría “agenciahólicos”, cuando tu vida tiene de principio a fin un solo objetivo: la agencia.

Hace poco murió en Indonesia una publicista de 24 años,  después de trabajar más de 30 horas seguidas sin dormir. Dijo su mamá que su hija trabajaba más allá de sus límites. Y  fue un caso muy sonado, porque todos nos vimos reflejados en ella.

Está bien que disfrutemos nuestro trabajo y lo amemos más que a nada, pero no hay que amarlo más que a nuestra vida, nadie nos pondrá una estatua en la entrada ni nos volveremos millonarios por trabajar horas extras.  Nadie nos obliga a trabajar tanto. Esto es una decisión propia. Debemos dejar de confundir pasión con obsesión o adicción.

Tenía una jefa que siempre me decía antes de irse: «¿Hay algo de vida o muerte que puedas resolver ahora?», No, ¡entonces apaga la computadora y vete a tener una vida!

El otro día leí una entrevista que le hicieron a Nicko Nogues, fundador y creative activist officer de Miracle y me encantó una frase que dijo que tiene todo el sentido: «Para tener ideas primero tienes que tener vida, y ninguna campaña de publicidad merece que sacrifiques tu vida por ella.»

En nuestro medio salir temprano parece un pecado, cuando alguien se va a su hora, nunca falta el simpático que grita: ¿Qué, sólo medio día?  y nos sentimos culpables, cuando deberíamos seguir el ejemplo. Quizás si todos nos organizáramos mejor, hiciéramos más conciencia y realmente hiciéramos un balance entre trabajo, familia y ocio podríamos lograrlo.

Y sí parece fácil,  con tantos pendientes que hay que cumplir, y cuando nuestro trabajo depende de que otros entreguen a tiempo, pero después de haber caído en el hospital por trabajar de más creo que ya entendí que tener una vida, descansar, hacer ejercicio y tener como prioridad a tu familia, pareja y amigos te hace una persona más feliz y una persona feliz es más productiva.

Trabajamos como si la vida fuera eterna y dejamos a un lado nuestra calidad de vida.  Dejemos de pensar que el pasar horas en la agencia trabajando como “agenciahólicos” sea lo normal y empecemos a tener una vida más sana en cabeza y cuerpo. Nuestro principal pendiente siempre debería ser nosotros mismos. Creo que la publicidad necesita gente que ame su trabajo no mártires que se sacrifiquen sin sentido. ¿No creen?

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Acerca del autor: La de Cuentas (14 Posts)

Entre tuiteros la conocen como @ladecuentas. Es publicista con varios años de experiencia. Adicta al Twitter. No es especialista, pero le encanta opinar sobre temas relacionados con la publicidad. Ha trabajado en todo tipo de agencias ganando múltiples premios y enfermedades psiquiátricas.


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