Los tipos de clientes en las Relaciones Públicas

Por Diana Alarcón Elizondo
Twitter: @dianapat23

Ay amigos lectores, les voy a pedir por favor que me recomienden a su brujo o bruja para ir a hacerme una limpia. Últimamente ya no sé si me llueve mojado o no veo lo tupido… o, ¿cómo era la frase?
Yo tenía pensado contarles bellas historias en esta semana, pero seguramente se irán acumulando para las siguiente semanas, claro, si Dios, la inspiración y mi editor me lo permiten.

Hoy estoy devastada, pero tengo el defecto de reinventarme muy continuamente como Ave Fénix, y gracias a mis experiencias laborales y de vida, hacen que me levante más brava que la Leona Dormida (que Lupita D’Alessio no me lea, si no me mata por copiona).

El caso es que después de 21 años de analiza el comportamiento de muchas personas en este mundo del “pi-ar”, me puse a hacer una analogía de los tipos de clientes que existen actualmente en el mercado. Sé que muchos de ustedes colegas queridos míos, ya deben estar escupiendo el café en su escritorio Godin o en sus cafés orgánicos de confianza de la Roma o Condesa o en sus espacios de coworking (sorry goeeey es lo de hoy) y se sentirán muy identificados.

Empecemos por:

El tacaño
Es también conocido como “cuenta chiles”, se la pasa cuidando que el último centavo que paga, se justifique y hasta de más. Todo el tiempo se la pasa cantando lo que te paga, y si no le parece tu trabajo, te va pagar lo que él considere. “Es que yo sé que tu cobras barato, entonces por un plan de RP y de influenciadores por todo un año, quiero que me cobres lo mismo que hace tres años”. ¿Y tu nieve con o sin chispas de chocolate?

El que se marea en un ladrillo
Le acaban de dar el puesto soñado, pide por pedir, no sabe qué pedir, pero lo importante es pedir, hacerte trabajar de más (quien sabe para qué fregados), lo importante es hacerte sentir como una cucaracha de cocina de KFC. A este también se le puede decir “el negrero”.

El sabelotodo
“Yo soy amigo de fulano, sutano y mengano”, “Yuya, los de Chilango, Donde Ir y Quién ya vinieron al restaurante, me hicieron una nota y no me cobraron un peso”. Si todo lo saben, entonces yo me pregunto ¿para qué quieren un PR?????????

El sabenada
Es es el peor y despiadado, quítenle las armas (la intuición, la lap y el celular) porque son los más peligrosos. A esos hay que meterles en la cabeza el plan de trabajo, la estrategia, lo que hiciste ayer, lo que harás mañana, etc., todo el tiempo (y aún así no lo entienden). Gracias a que no sabe nada, te puede quemar con cuanta gente pase a su alrededor, porque tal vez se le olvidó que ya le mandaste el reporte, que la junta de mañana está confirmada y no se acuerda o que los resultados de tu trabajo van a salir hasta el mes que entra… ojo, mucho ojo con estos.

El que te brinca (y no precisamente la tablita)
Ah esos se han puesto tan pero tan de moda. Ahora ellos invitan a los medios a los eventos, los confirman, se van de copas, hacen negociaciones y no te avisan. Solo te piden ayuda si la riegan y necesitan de tus encantos intelectuales para resolver tal vez, alguna burrada que hayan cometido. Quieren estar en todo, incluso que les copies en los correos que mandas, para vigilar que en verdad estás trabajando.

El preguntón
Es el típico aprensivo con una pizca de “nosabenada” que muchas veces para justificar tu trabajo y sus probables horas nalga viendo tal vez sus redes sociales. “¿Ahora qué le pediré a mi PR para hacerlo sufrir?”. Te busca por todos los medios no importándole que sean las 7 am o la 11 de la noche, tú debes de estar ahí siempre que se le antoje…”para eso te pago”.

El chantajista
Es una especie nacida de las entrañas de Freddy Krugger, ese que con la mirada, te controla (así como cuando en nuestra infancia, nuestros papás con tan solo una mirada, nos decían que nos portáramos bien). “Gracias a mí tienes trabajo, pórtate bien porque si no, no te voy a renovar el contrato”, “Por tu culpa me gasté un dineral y tengo que regresar la comida que pediste”, y así muchas historias más de las que seguramente ustedes mis “pi-ars” lectores deben identificarse a la perfección.

El “no, no”
No hay que ser muy inteligente para conocer a este tipo de cliente. Todas tus ideas son malas, tus costos muy altos, no tiene tiempo de nada, no quiere hacer nada, no puede llegar a la junta, no puede dar una entrevista… ¡pero ¡siempre quiere resultados eficaces, inmediatos y de alto impacto!

El millenial
La historia se cuenta sola… o mejor te lo cuento por ebay.

El bueno y puro
A ese te suplico que lo pongas en un pedestal con una vela blanca encendida y lo veneres todos los días de tu vida. Cada que lo veas llévale una manzana, chuléale sus botas nuevas o su corbata morada. Esa es una especie en peligro de extinción a la que tienes que valorar todos los días y todos los cheques de tu vida.

¡Si te han tocado todos estos, lotería!

Tipos de clientes hay muchos, el mentiroso, el desorganizado, el negrero, el acomplejado, el “Albertano” (por ser de otro código postal distinto al tuyo), el competitivo (“mire Miss, yo sí entregué la tarea antes que Dianita, a mí sí póngame sellito de abejita”), el chismoso, el desconfiado, el rabo verde, el “mátalas callando”, y así podemos llenar de adjetivos otra cuartilla de caracteres más, de las que tengo permitidas en esta gustada sección.

El peor de todos es el que no empata con su área, y mucho menos con la tuya. Hablan lenguajes distintos. Estoy segura de que les ha tocado trabajar mano a mano con veterinarios que terminaron siendo comunicadores, celadores, y hasta psicólogos. Aguas con estos últimos, se la pasan analizando cada uno de tus pasos. Si no trabajas a su visión te analizan y “le dan al clavo” de que tu falta de profesionalismo se debe a que de chiquito tus papás te perdieron en Chapultepec, es por eso tu odio hacia la vida. Si eso no te hubiera pasado, estarías mejor, así como con López Obrador.

En todas las empresas, corporaciones, papelerías, puestos de tamales y todo lugar que preste servicios o donde haya personas que respiran, siempre vamos a encontrar alguien con estas personalidades. Por algo las redes sociales están llenas de casos y de videos que exponen a muchos de ellos. Debemos de aprender a lidiar con ello todos los días y de exprimirse el corazón. Si de plano no es posible, las terapias, las clases de yoga o de dibujar mantras son una excelente opción para calmar nuestros nervios. Ya si esto te da flojera, tírate a la bebida mientras ves la serie de Paquita por Grupo Imagen. Después vayan por su torta de chilaquiles, como en la foto de ilustración lo indica.

Como todo en la vida (y hablando de estas terapias para elevarte como ser humano), lo mejor es captar cuando es el momento de soltar a estos clientes y abrirnos a nuevas y buenas opciones. Siempre que se abre una puerta, se abren otras, eso se los aseguro. Alguna vez alguien me dijo: “No es necesario demostrarle a nadie quién eres, eso solito se refleja”.

Después de tantas reflexiones semanales, solo les puedo decir, ¿qué sería de esta columna si no existieran estas anécdotas? Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, mi cita con el doctor porque tengo el tarrito lleno de piedritas, pero sobre todo si mi editor (que seguro aun anda festejando el Día del Padre de Valentina) me lo permiten!

Acerca del autor: Diana Alarcón (305 Posts)

Diana Alarcón Elizondo es especialista en el manejo de las Relaciones Públicas. Desde hace 20 años se ha dedicado en llevar a cabo estrategias para el posicionamiento y prestigio de diversas marcas de consumo, tecnología, lujo, estilo de vida entre otras.


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