El movimiento #metoo en el ámbito empresarial

Por Diana Alarcón Elizondo
Twitter: @dianapat23

Este 2019 sin duda podemos reconocer que existe un antes y un después tras el movimiento #Metoo (Yo También), que nació en EUA, y que volvió a las primeras planas a raíz de las denuncias contra el productor de cine Harvey Weinstein, por sus constantes abusos sexuales. Sin duda, esto ha servido para que muchas mujeres en muchas partes del mundo alcen la voz ante un mundo muchas veces machista y acosador.

La polémica ante este suceso no se ha hecho esperar, unos lo ven como una plataforma necesaria y que ha sido un caso histórico, romper el silencio de una manera importante. Otros lo ven como un escaparate o como un nido de mentiras sólo para generar polémica.

En el ámbito laboral, durante el Foro Económico Mundial en Davos en enero de este año, muchos de los empresarios participantes, externaron su preocupación al asesorar a las mujeres en la era del #Metoo, y que la paridad de género se lograría hasta dentro de unos 200 años (qué triste, ¿no?), una cantidad de tiempo mucho mayor a los 170 años que se habían calculado en 2016 para que hubiera igualdad.

Después de que este movimiento ha ayudado a empoderar a muchas mujeres, a alzar la voz para denunciar el acoso laborar, varias empresas han visto que este asunto en verdad es serio, pero que sobretodo, es real. Gracias a estas denuncias, más de 200 hombres en puestos directivos fueron despedidos.

La posición radical que muchas empresas han comenzado a tener para disminuir el riesgo de acoso sexual, es reducir el contacto entre las empleadas y los altos ejecutivos, ¿qué tal? En lugar de enseñar valores y cambiar las mentes, ¿cuándo se atacará el problema de fondo? La consecuencia de estas acciones limita obviamente la proyección de las mujeres hacia puestos de más responsabilidad.

De las empresas de la lista Fortune 500, sólo 24 tenían directoras generales en 2018, una disminución en contraste con las 32 del año previo. La cifra de jefas de gobierno ha aumentado en más del doble desde el 2000, pero sigue siendo el seis por ciento del total de mandatarios, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas. El movimiento #MeToo en México llegó a principios de 2018, después de que la actriz Karla Souza denunció haber sido acosada y abusada sexualmente al principio de su carrera por un director de cine.

A estas declaraciones le siguieron las de algunas otras actrices, quienes también se animaron a hacer públicos sus casos. No faltó por ahí quien quisiera colgarse del tema para figurar por lo menos unos cinco minutos.

Fue durante el primer trimestre de 2019 que surgieron grupos más específicos de sectores laborales, como #MeTooTeatrerosMéxico, #MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooCreativosMexicanos, #MeTooAgenciasMéxico o #MeTooMúsicosMexicanos, por mencionar algunos ejemplos. Ante esto, las denuncias no se hicieron esperar, pero algo era diferente al movimiento original.

Muchas personas hacían la denuncia de forma anónima, contando su versión de los hechos y sin dar mayores evidencias o abrirse al diálogo, fue así que inició una oleada de señalamientos y una gran crisis de imagen pública para todo aquel que veía revelado su nombre.

El caso más reciente que se dio a través del ciberespacio, y que conmocionó a todo el país, fue la denuncia anónima al músico y escritor Armando Vega Gil, integrante de Botellita de Jerez, quien acabó con su vida el primero de abril, y subrayó en una carta que su “muerte no es una confesión de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia”.

El objetivo no es callar las denuncias de acoso en ningún sentido, no solo las mujeres sufren estos problemas, los hombres también. Además de #metoo, hay distintas redes de apoyo para hacerlas de manera abierta, esa es la esencia del movimiento de hecho.

De continuar haciéndose de manera anónima, no hay un debate de “palabra contra palabra”, sólo un señalamiento que es fácilmente calificado como ‘mentira’ y una crisis de imagen pública que bien podría recordarnos a algún juicio de la época de la inquisición.

El motivo por que el movimientos como #metoo existen son los terribles datos expuestos por la ONU como el que cada 10 minutos un hombre asesina a una mujer, que el salario de las mujeres sigue siendo mucho más bajo que el de los hombres, y que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia sexual.

La suma de los hechos hasta el momento es una denuncia anónima, un suicidio, un hijo sin papá, un intelectual menos en México (de esos que tanto necesitamos) y el cierre de la cuenta #metoomusicosmexicanos, en la que tratan de disculparse ante la primer reacción después del lamentable hecho y expresa su pesar ante el mismo, donde aceptan que no hicieron lo correcto.

Lamentablemente en sus líneas no veo una disculpa y denotan soberbia en su carta, lo que menos esperaríamos es saber quién fue la mujer que acusó a Vega Gil. En México y en el mundo aun no estamos preparados para entender que la libertad de expresión también tiene un alto grado de
responsabilidad ante lo dicho.

Diario leemos disculpas sobre todo de marcas y empresas sobre cierta situación, principalmente derivada por alguna publicación en sus redes sociales. Es un tema del que hablamos mucho en esta columna, donde todos los miembros del equipo deben de contar con conocimiento, sensibilidad, y deben estar empapados de sentido común. Las redes ya no perdonan ni una coma, ni una foto, hay que ser extremadamente minuciosos ante estas situaciones.

¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, pero sobre todo si mi editor que seguro me dará la razón con esta columna, me lo permiten!

Acerca del autor: Diana Alarcón (280 Posts)

Diana Alarcón Elizondo es especialista en el manejo de las Relaciones Públicas. Desde hace 20 años se ha dedicado en llevar a cabo estrategias para el posicionamiento y prestigio de diversas marcas de consumo, tecnología, lujo, estilo de vida entre otras.


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