Santo Tomás, la marca de vino más antigua de México

Por Armando Enríquez V.
Twitter: @cernicalo

Las más antigua de las vitivinícolas mexicanas de Baja California se fundó en 1888 y está en funcionamiento, origen de la marca SantoTomás.

El mundo de los vinos en el primer territorio de la Nueva España, después México, inició con la necesidad de los españoles por plantar vides en sus colonias, con el propósito de satisfacer sus costumbres alimenticias, pero sobre todo tener los elementos necesarios para la realización de los diferentes ritos de la iglesia católica. Los primeros viñedos en México se establecieron en Atlixco, Puebla, y después conforme avanzó la colonización hacia el norte se encontraron nuevas regiones. De esta exploración surgió la empresa más antigua de toda América que aún está en actividad, llamada Casa Madero ubicada en Coahuila.

Dos siglos después de la fundación de Casa Madero, en el extremo de oeste del norte de México, lo que es el Estado de Baja California en las cercanías de lo que es hoy la ciudad de Ensenada, los misioneros de la orden de Tomás de Aquino comenzaron el cultivo de vides en las tierras fértiles del Valle de Santo Tomás.

En 1857, un hombre llamado Loreto Amador compró lo terrenos de la misión y comenzó la producción comercial de vinos. Sin embargo, al parecer Amador contrajo una deuda que no pudo pagar a tiempo, para poder cumplir con esta deuda vendió sus terrenos a un italiano y un español cuyos nombres eran Francisco Andonegui y Miguel Omart, quienes finalmente en 1888 fundaron las Bodegas Santo Tomás.

Un hombre importante en la historia política del estado de Baja California fue el sonorense Abelardo L. Rodríguez, uno de los generales nacidos con la revolución y uno de los corruptos lobos sonorenses cercanos a Obregón y a Calles. Se dice que este hombre, que terminó ejerciendo una presidencia interina del país de 1932 a 1934, y de quien también se dice fue socio del famoso gánster norteamericano que inventó Las Vegas, Bugsy Siegel, en el establecimiento de cantinas y el negocio del tráfico de licor y drogas en el norte de México, compró en 1930 las Bodegas de Santo Tomás y contrató a un enólogo de nombre Esteban Ferro.

Este italiano llegó a México huyendo a del fascismo y de las camisas negras. Ferro salió de su país con lo que traía puesto y un poco de dinero, al llegar a México terminó en la Secretaria de Gobernación en la Ciudad de México para arreglar su situación migratoria y ahí el azar lo llevó a platicar con un conocido del gobernador bajacaliforniano que necesitaba hacer una evaluación de sus tierras y viñedos.

Ferro viajó con los gastos pagados por Abelardo Rodríguez a las tierras en el Valle de Santo Tomás y después de presentar su informe quedó a cargo de los viñedos. A Esteban Ferro se le atribuye el establecimiento de la industria vitivinícola de gran calidad en la zona de Baja California además de convertirla en la zona más importante por la calidad de sus vinos en el país.

Ferro establece cuatro centros distribuidores en México para hacer llegar el producto de las bodegas de Santo Tomás a todo el país: uno en San Luis Potosí, otro en Monterrey, el tercero en Guadalajara y finalmente, en Veracruz. Con visión y sentido del negocio le pide al General Rodríguez una muy fuerte inyección económica en publicidad. A pesar del éxito, en 1950 Ferro terminó su sociedad con Abelardo Rodríguez para establecerse un tiempo en la Ciudad de México. Fue el responsable de establecer las bodegas de la empresa en la calle Miramar, en Ensenada.

En 1962, el mismo Abelardo Rodríguez decide terminar su participación en el negocio y vender las Bodegas de Santo Tomás a su socio y empresario Elías Pando Pendás, un migrante español que construyó un poderoso imperio, sobre todo en materia de atún y otros enlatados.

Pando contrató a Dimitri Tchelistcheff como el enólogo encargado de mejorar los vinos de Santo Tomás. Tchelistcheff era en esos días un joven egresado de la Universidad de California Davis. Su padre, André, es sin duda su mayor influencia. André es el creador del estilo de vinos californianos, y como él, Dimitri se convirtió en uno de los enólogos más reconocidos en toda California y Baja.

En 1988, Antonio Cosío le compró a su suegro Elías Pando Pendás, las bodegas de Santo Tomás y contrató como enólogo a cargo al mexicano Hugo D’Acosta, a quien se le encomendó la creación de una línea de vinos mexicanos. En 1995 bajo la supervisión de ambas personas se inauguró en el Valle de Santiago el primer proyecto arquitectónico enológico en América; un edificio circular.

Desde 2014 están  cargo, el nieto de Elías Pando Pendás e hijo de Antonio Cosío, Santiago. Por otro lado, En Santo Tomás se empleó a la primera enóloga mexicana que se hizo cargo de una empresa tan grande como Santo Tomás. Su nombre es Laura Zamora.

Además de los diferentes vinos que se producen en Santo Tomas, la empresa produce otro de los productos que eran importantes para que los colonizadores pudieran realizar los ritos católicos: aceite de oliva. Santo Tomás tiene 131 años de existencia.

Acerca del autor: Armando Enríquez Vázquez (202 Posts)

Productor de Televisión desde 1986. Estudió cine en el CCC. Ha sido colaborador de diarios como El Economista, Punto y Aparte de Xalapa, Ver. Tiene cuatro libros publicados.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *