Mr. Selfridge y sus lecciones de Relaciones Públicas

Por Diana Alarcón Elizondo
Twitter: @dianapat23

Llevo un par de semanas viendo en Netflix la serie Mr. Selfridge. Las imágenes promocionales así tipo de la época del Titanic, Londres, los grandes vestidos, los caballeros de a deveritas, pero sobre todo el modo de vida y la forma de pensar, de actuar y hasta de lo que podemos aprender del pasado. La historia es una fuente inagotable de lecciones que nos seguirá replicando por los siglos de los siglos, amén.

Mr. Selfridge no es un lanzamiento reciente, su primer capítulos se estrenó en 2013 y tiene varias temporadas. Lamento haberla descubierto hasta ahora, pero por algo pasan las cosas. Por ahí dicen que los tiempos de Dios son perfectos. La historia principal se basa en la en la vida de Mr. Selfridge un visionario de Chicago que en 1909 abrió su tienda Selfridge’s en Londres, pero no solo era un establecimiento donde ibas y comprabas, él fue el encargado de revolucionar la forma de comprar a través de experiencias e innovadoras estrategias de marketing y Relaciones Públicas.

En ese tiempo, Londres se caracterizaba por ser una sociedad cerrada y extremadamente conservadora. En cada capítulo vemos cómo debían de comportarse las mujeres, pero también la manera en que fueron cobrando cada vez más fuerza, mayor importancia y sobre todo los distintos roles que iba desempeñando. En los almacene sombríos no estaba permitido disfrutar del proceso de compra y mucho menos tener los productos expuestos. Cuando el cliente pedía un producto en específico, el dependiente con una mente cerrada, le daba el producto que pedía y se acabó, no le daban opción de “enamorarse” o de que le enjaretaran alguna otra cosa.

Para quienes nos dedicamos al mundo de la comunicación, Mr. Selfridge es un agasajo, es un “sí es cierto” constante, un “ a mí me ha pasado” o un “oye, qué bien, voy a implementar esto o aquello”. El tipo además de visionario (y que guapo el actor pues #seteníaquedecirysedijo), es un ser lleno de carisma, ambición, pasión y de entusiasmo por lo que hace. Verlo despertar, leer el periódico y de pronto darse un tiempo para él mismo, aprovechar las oportunidades que se le presentaran para incrementar el valor de su negocio,
resolver problemas de inmediato, tener sentido común, y un enorme respeto a su trabajo, es uno de los mayores secretos que a pesar del tiempo deben continuar vigentes.

Para el protagonista los momentos de crisis significaron nuevas oportunidades para lograr mayor empatía con sus clientes, quienes estaban ansiosos por ser parte del “socialité” de la ciudad. Hoy todo ese glamour y ambiente continúa hasta nuestros días, gracias a lo que el “Padre del Shopping” nos ha dejado para siempre. Al estar en Selfridge’s siempre vas a divertirte, ese es el lema de la tienda. El lugar se convirtió en el aliado de las mujeres que disfrutaban ir de compras y donde podían hacer realidad sus sueños. Mr. Selfridge dio una mayor importancia al departamento de perfumería (relegado por mucho tiempo) y establecerlo como el primer contacto al llegar al almacén. Ahí podrían enamorarse de los aromas, tocar los productos, así como ahora, toda una experiencia que eles traía algún recuerdo, y con ello las incitaba a dejar ahí grandes sumas de dinero.

Se implementaron descuentos especiales con el fin de atraer a más clientes de más clases sociales y elevar sus ventas. La cosa era que entraran a la tienda y generaran tráfico. Mr. Selfridge siempre estaba al pendiente de las necesidades de sus clientes y pensar como ellos.

La prensa era una parte fundamental en Selfridge’s. El mismo Harry Gordon fue quien vio que el ser “amigo” de los medios era una forma muy efectiva y gratuita de obtener publicidad para sus negocios. Él siempre tenía el tiempo y la mejor cara para atenderlos, pero más que otra cosa, les daba grandes noticias. No olvidemos que también hay que generar nota, para poder acercarnos a ellos. El mismo Selfridge con sus grandes eventos, alianzas e incluso grandes personalidades como la bailarina Anna Pavlova, el Rey Eduardo VII, quienes acudían a su establecimiento, ya daba información de qué hablar para mucho tiempo.

Gracias a su carisma y don de mando, su misma gente era su mejor embajadora. Mr. Selfridge generó confianza en su personal y los hacía crecer. Escuchaba a su gente, creía en ellos y los asesoraba para estimular su creatividad. Era empático, la puerta de su oficina siempre estaba abierta. Estando su personal tan contento en sus trabajos, solitos iban a hablar maravillas del almacén.

Dicen que después de la tempestad viene la calma. Cuando entendamos que cuando una puerta se abra y otra se cierre, o que de un momento crítico puede ser una nueva oportunidad para aprender y generar una mención de marca positiva, a fin de atraer la atención del público, otro gallo cantará. Selfridge siempre supo capitalizar los momentos no tan buenos para implementar nuevas estrategias y cambios obligatorios que lo hicieron crecer aún más.

Siempre hizo que su público estuviera al pendiente de sus novedades, a través de sus escaparates que cambiaban continuamente y dependiendo de la época. En sus tiendas fueron exhibidos además de perfumes y estolas de pieles, el avión que usó Louis Blériot para cruzar el Canal de la Mancha y algunos otros acontecimientos muy importantes que hacían que la prensa estuviera presente, y de paso les daban las novedades de moda que marcarían la temporada.

Todas estas lecciones que nos ha dejado Harry Selfridge, considerado un genio del marketing y de las Relaciones Públicas, son consideradas las bases para lograr el éxito y el mantenimiento en un negocio. Muchas personas ven el área de comunicación como una especie de banalidad o no creen necesario hacer nada. Lo ven también como un gasto y no como una inversión. Cuando dejen de hacerlo, verán cómo sus ventas y el prestigio logrado bajarán considerablemente.

Cuando se logra obtener el éxito de una empresa o marca, jamás debes pensar que se ha conseguido todo y echarte a dormir. El trabajo de promoción y de creación de marca nunca se acaba. Hay que mantener una organización, un orden y una estrategia definida, además de congruencia con los valores de la marca o empresa. Por ejemplo, si eres una marca de lujo, comunica lujo y experiencia, no mandes a un becari@ a mandar correos para invitarte a eventos. Cuando la gente encargada de comunicación sepa en realidad para qué sirven las Relaciones Públicas, puede que nos edifiquen una estatua, o ya de perdida nos lleven a uno de estos grandes almacenes a elegir un perfumito bien merecido como regalo a tanto esfuerzo.

Les recomiendo Mr. Selfridge una serie que siempre te va a dejar con algo nuevo con qué pensar y sobre todo con entusiasmo. No tienes que dedicarte al mundo del glamour, la cosa es contagiarte y comenzar a lograr tus objetivos hagas lo que hagas. Este personaje nos ha enseñado que en el mundo del “bisne”, la creatividad, la perseverancia, y la innovación, son los ingredientes eficaces para darle “punch” a una marca y posicionarla más allá del tiempo, misma esencia que se mantiene hasta hoy en sus tiendas en Londres…y donde seguramente Queen Elizabeth y Kate Middleton se compran una que otra cosilla para su
guardarropa.

¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, mis ojeras porque ya quiero terminar de ver todas las temporadas de Mr. Selfridge y sobre todo si mi editor que ya debe estar viendo el primer capitulo, me lo permiten!

Acerca del autor: Diana Alarcón (341 Posts)

Diana Alarcón Elizondo es especialista en el manejo de las Relaciones Públicas. Desde hace 20 años se ha dedicado en llevar a cabo estrategias para el posicionamiento y prestigio de diversas marcas de consumo, tecnología, lujo, estilo de vida entre otras.


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