¿El coronavirus se llevó tu animo?

Por Diana Alarcón Elizondo
Twitter: @dianapat23

La crisis del coronavirus ha puesto nuestras vidas patas para arriba. Al principio, tal vez nos sentíamos incrédulos sobre el tema, estábamos algo emocionados al trabajar (claro, los que tenían y siguen teniendo trabajo) desde casa, arreglar los clósets, cambiar de posición los muebles, hornear pan de plátano, dibujar mandalas y sobre todo hacer home office (¡y en pijama todo el día!).

Qué emocionante la novedad de no tener que levantarse de madrugada a bañarse, salir corriendo a trabajar después de horas de tráfico, lidiar con los compañeros y con el jefe. Tal vez la musiquita, el cafecito, el Netflix de los primeros días, era el distractor que nos hacía sentir tan a gusto.

El caso es que todo cansa y ya han pasado, no uno ni dos meses, ya llevamos cuatro meses confinados en nuestras casas, muchos con menos proyectos que antes, otros tal vez llenándose la cabeza de telarañas, pensando en el futuro incierto o hasta en el o la ex que estamos dejando ir o dejamos pasar, y tal vez estos largos ratos de ocio nos hagan pensar de más. Benditas sean las tardes de horneado de pan de plátano, yoga y meditaciones, ahora ya se entienden estas actividades con mucho mayor razón.

El shock que estamos viviendo le ha pasado una enorme factura a nuestro estado de animo, a nuestras cabelleras (¿también se les cae el pelo hoy más que nunca?) y a nuestro rendimiento laboral. Ahora con nuestra nueva realidad, dicen que lo mejor es tomarse una pausa para una reunión virtual con nuestros compañeros de trabajo o amigos, pero sobre todo no sentirnos mal por tener más tiempo que antes (así es la vida).

Estoy segura de que una o muchas personas les dicen a diario que enfrentarnos a situaciones complejas es lo que nos permite ser mejores y crecer, pero (aquí imagínense el meme de “Wey Ya” ¿qué más quieres de mí, Diosito?). Es que eso de que nos hagan salir de nuestra zona de confort y enfrentarnos a terrenos y abismos desconocidos, no es cualquier cosa. Ahora imaginen a nosotros los mexicanos, latinos de corazón. Eso del distanciamiento social es tan duro porque nos gusta sentirnos cerca de la gente, apapachados, besarnos, abrazarnos, compartir momentos de complicidad a través del contacto. Nos hace falta eso para estar mejor, muchísima falta.

Para estar en paz, lo mejor es no dejar que el pánico nos azote y tratar de seguir con nuestra rutina de todos los días dando lo mejor de nosotros mismos, como siempre. Y claro, que Facebook se entere de todo esto para que no sepan que lloras por las noches y que has creado tu club virtual del insomnio, solo para sentirte cool. De todos modos con nada estamos contentos. Ahora que la nueva normalidad ya es un hecho, muchos profesionistas ya se dieron cuenta de que ya no quieren volver a un trabajo presencial de 9 a 6. Es una sensación como la que tal vez cuando éramos niños y era domingo en la tarde, porque sabíamos que el lunes ya tendríamos que ir al colegio a primera hora.

Dentro del área de comunicación, marketing o cualquier área creativa de muchas empresas, el home office es ahora ya una solicitud cada vez más seria. Durante este tiempo los colaboradores han descubierto sus grandes beneficios al encontrar ese café o inspiración en otra parte, dormir más, hacer más ejercicio, tal vez.

Además de que hoy en día el trabajo remoto es lo de hoy, la crisis del coronavirus aceleró el crecimiento del trabajo independiente, o como se le conoce cada vez más, como freelance. Esto debido a los constantes recortes por parte de las empresas a nivel mundial. En México, esta modalidad se ha incrementado desde el mes de abril en un 77%, según cifras proporcionadas por Workana.

Esto nos deja mucho que pensar y sobre todo nos obliga a que sí o sí mejoremos nuestro ánimo (no hay de otra), y sobre todo prepararnos para los nuevos retos que vendrán de hoy en adelante. Nuestra vida jamás volverá a ser la misma, se los aseguro. La apertura de los restaurantes en CDMX es el claro ejemplo: nuevas medidas de operación, limpieza y servicio es lo que nos espera, seguramente por siempre.

Dentro del área de las Relaciones Públicas, la competencia, los retos y los resultados a trabajar aún serán mayores, ya que las marcas necesitarán recuperar su buen nombre y clientes para reponerse ante esta adversidad. Sin duda lo mejor es mantenerse activo, bañarse diario, trabajar, buscar trabajo, mantenerse positivo y si es necesario, volver a ordenar el clóset (cómo ayuda eso, se los
digo por experiencia), cambiar de tema, apoyar a tu familia, a tus amigos y a algunas causas sociales, hará que este paseo amargo pase un poco más rápido. Esto también es una oportunidad para estudiar más, ensayar nuevas metodologías de trabajo que estoy segura implementaremos muy pronto en la vida real, además de que ya cualquier otra crisis nos parecerá diminuta, porque una de las más grandes del mundo ya la viviste y podrá contársela a tus nietos.

¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, pero sobre todo si mi editor al que estoy segura que eso de ordenar su clóset no se le hizo una mala idea, y ahorita debe estar doblando sus camisas negras (así se viste diario desde hace 20 años que lo conozco), me lo permiten!

Acerca del autor: Diana Alarcón (346 Posts)

Diana Alarcón Elizondo es especialista en el manejo de las Relaciones Públicas. Desde hace 20 años se ha dedicado en llevar a cabo estrategias para el posicionamiento y prestigio de diversas marcas de consumo, tecnología, lujo, estilo de vida entre otras.


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