Después de la era del Covid-19, ¿nos seguiremos quejando del trabajo?

Por Diana Alarcón Elizondo
Twitter: @dianapat23

Ahora que nuestras vidas y conversaciones solo las aborda el tema Covid-19, es común que leamos o utilicemos la frase “éramos felices y no lo sabíamos”. Muchos anhelan (anhelamos) de pronto esas horas de tráfico para ir al trabajo, el ponerse el vestido más lindo para ir a un evento, asistir a a una tediosa junta o estar en un evento súper concurrido.
Extrañamos esas quejas tan sabrosas que hacen que eso que traíamos atorado salga por un momento “lo teníamos que decir para desahogarnos”. Es que una persona se queda entre 15 y 30 veces al día y lo expresa por todos los lugares habidos y por haber, en sus redes, a sus amigos por teléfono, por whats, por paloma mensajera, por directa, indirecta y así.

El caso es que quejarse todo el tiempo de todo es algo que no nos hace bien porque para empezar te impide apreciar de las cosas buenas de la vida, te vas a enfermar y hasta te va a dar estrés y un desequilibrio emocional, y sin darte cuenta tu vida se convierte en una queja constante.

Además al estarte quejado todo el tiempo de todo, el cerebro tiene unas “neuronas espejo”, que significa que imita el humor de las personas a tu alrededor y hasta puedes llegar a afectar a las personas a tu alrededor, así como cuando ves bostezar a alguien, tú inmediatamente haces lo mismo, y a veces ni cuenta te das.

Repetir un comportamiento con frecuencia (sea bueno o malo), por ahí por eso dicen que los hábitos “pegan a los 21 días”, refuerza las conexiones neuronales necesarias para su realización. Por lo tanto cuanto mas te quejas, podría llegar a convertirse en tu “súper power” y ya tu vida comenzará a apestar toooooodo el tiempo , aunque no sea así.

Pero podríamos pensar que esto por ahora está justificado, si justo estamos viviendo una época donde no vemos salir el sol por ningún lado y todo el día estamos con los nervios de punta, como Jarritos de Tlaquepaque ¿cómo no quejarse? ¿Será que también Diosito o el destino hizo que nos llegara este tiempo para replantearnos nuestra vida y ser unos “nuevos yo”? Quejarse en cualquier momento nunca es bueno, pero eso no significa que no podamos expresarnos y tengamos que quedarnos callados, solo hay que buscar las situaciones y las palabras correctas. No lo dudo, este tiempo, seguramente nos ha hecho cambiar nuestra forma de pensar, y pensar (valga la redundancia) dos veces antes de hablar o de actuar.

Estamos más alterados que nunca, y las circunstancias actuales tal vez sí nos llevan a realizar a cabo esos cambios en nuestras vidas y empezar tal vez a desayunar avena con fresas. También nos hacen pensar de más, tal vez en valorar ese tambache de pendientes, en extrañar ese café barato que compraban para los empleados, replantearnos cosas que hubiéramos querido hacer antes, arrepentirnos tal vez de otras y extrañar algo o a alguien.

Volviendo a esto de la queja, y sobre todo laboral, es importante “cambiar el chip” y comunicar serenamente y con las palabras objetivas todo lo que no estas de acuerdo, ya que las empresas ahora justamente están en una etapa de reajustes en todas sus áreas.

Expresar opiniones es muy distinto a quejarse. Como les decía, esta temporada de confinamiento puede resultar un “buen ejercicio” para aprender a “aguantar vara”, ya que al no tener contacto con tus compañeros de trabajo o con tu jefe tan frecuentemente, hace que el conflicto pase a un segundo término o se vea de manera virtual y se le dedique tal vez mucho menor tiempo, a diferencia de tratarlo en una sala de juntas donde podrían llevarse hooooras interminables con el mismo tema.

Durante este tiempo hay que hacerse un “coco wash” y estar dispuesto a cambiar. Debemos hacerlo, hoy más que nunca muchos valoramos aun más un sueldo fijo, prestaciones, saber que cuando esto pase nos espera el saludo de la secre, ese escritorio lleno de pendientes que te chocan (pero ahora tal vez ya no tanto porque te van a pagar por ello y mantenerte productiv@), una charla con nuestros compañeros o una comidita corrida en la fondita de la esquina para celebrar el regreso a “la nueva realidad”, pero llenos de esperanzas porque tendrán un futuro más claro, deseo de muchos otros más que aún no gozan de ello.

Este golpazo del coronavirus, les aseguro que hará que cada vez nos quejemos mucho menos de todo y de todos. No es un proceso sencillo, porque hay que cambiar muchos hábitos. Por ejemplo, si al despertar y ver algo en tu recámara que no te gusta, la pared con tal vez alguna gotera, una puerta descompuesta, etc…ahí ya empezaste mal. Hay que comenzar a arreglar esos pequeños detalles que hacen que se nos prenda el foco del enojo, porque la reacción en cadena se extiende a lo largo del día, y a veces es muy complicado volver a retomar el carril de la armonía y de las buenas vibras. Créeme que quejarse crea más problemas y soluciones.

Eso sí, nada como el “chismito” y el desahogo, pero uno sabe cuándo y con quienes hacerlo. Desahogarse está bien (y si es con un vinito y buenos amigos mejor…pa que se los niego), pero no debemos tenerlo en nuestra agenda de vida como una prioridad. Estos momentos también pueden ser sanos ¿quién dice que no?

Convertirse en una persona “zen” las 24 horas del día tampoco está cool. Hay que aprender a equilibrar nuestras acciones y pensamientos, solo hay que cambiar un poco la estrategia. En nuestros pensamientos debemos de quitarnos las telarañas, dejar de buscar culpables o dejar de hacerse la víctima todo el tiempo. Habría que quitarle un poco de nuestra energía a todo eso que nos aqueja y esforzarse por encontrar soluciones.

A veces en las películas ocurren situaciones como estas, todo parece mágico y si se fijan cuando hacen esto, todo su entorno cambia. Hay que fijarse bien como se van llevando los cambios, me he fijado que cuando se expresan, casi nadie se lo toma tan personal y siempre comienzan con alguna frase positiva, para que al interlocutor no le llegue como balde de agua lo que le vas a decir y se ponga a la defensiva.

Estamos viviendo una de las situaciones más inimaginables de nuestras vidas. De hoy en adelante ponerse “al tú por tú” con alguien o quejarse todo el tiempo, será algo que se piense dos veces porque la búsqueda y la competencia laboral, si antes estaba por los cielos, imagínenselo ahora. Hoy en día tener un “por qué quejarse del trabajo en exceso”, es un privilegio de muy pocos.

Muy pronto las oficinas volverán a llenarse de sus colaboradores más indispensables (porque en prácticamente todas ha habido recortes de capital humano) y en otras tal vez haya otros más felices haciendo home office y así se van a quedar porque han descubierto una nueva cultura digital para las empresas después de la era del Covid-19. Eso sí, el reencuentro, el update de la vida, los procesos de adaptación y la preparación de la prosperidad empresarial se irán implementando poco a poco.

Seguramente en muchas reuniones (donde habrá infinidad de quejas), se reflexionará cobre lo vivido, se volverá a replantear su misión, visión, valores y hasta áreas de negocio, se dará a conocer seguramente muchas noticias, se presentarán nuevos compañeros, en fin, se rediseñará a toda la compañía. Estoy segura que muchos ya estarán emocionados por volver, por abrir sus cajones y seguramente encontrar esa bolsa de Canelitas de Marinela, para acompañar su cafecito chismoso de media mañana y ponerse al día con sus amiguis del trabajo.

¿Y tú que extrañas de tu oficina?

¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, sobre todo si mi editor que seguro al leerme ya debe estar con el Ojo Remi porque ya se acordó que en el cajón de su escritorio en alguna editorial hace 20 años, dejó seguramente una botella de vino que nunca se tomó!

Acerca del autor: Diana Alarcón (346 Posts)

Diana Alarcón Elizondo es especialista en el manejo de las Relaciones Públicas. Desde hace 20 años se ha dedicado en llevar a cabo estrategias para el posicionamiento y prestigio de diversas marcas de consumo, tecnología, lujo, estilo de vida entre otras.


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