La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en los niños menores de 5 años la ingesta de azúcar no supere el 10% de las calorías de la alimentación diaria; esto para prevenir caries, sobrepeso y otros problemas que pueden afectar significativamente su salud en el mediano y largo plazo.
Un estudio publicado en la revista Science en 2024 demostró que la exposición temprana a altos niveles de azúcar añadida puede reducir la aceptación de frutas y verduras, fomentando la preferencia por sabores dulces que afectan su alimentación en la vida adulta.
Por ello, la mejor opción es sustituir el azúcar añadida por alternativas más nutritivas. La elección correcta puede marcar la diferencia: se puede optar por alimentos que aportan azúcares de manera natural, como la lactosa presente en la leche.
Como expertos en nutrición especializada, NIDO comparte 5 consejos para una alimentación adecuada en la primera infancia:
1. Incorporar frutas frescas y deshidratadas sin azúcar añadida
Las frutas aportan vitaminas, minerales, fibra y un dulzor natural que satisface los antojos. Reemplazar galletas y dulces procesados por manzanas, plátanos, uvas o fresas ayuda a mantener niveles de energía estables y fortalece el sistema inmunológico.
2. Elegir productos lácteos que cubran las necesidades nutrimentales de los niños
NIDO es un producto sin azúcar añadida que satisface las necesidades nutricionales específicas de los infantes de 1 a 3 años. Este producto se caracteriza por su contenido de 1 billón de probióticos (que ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, fortalecen el sistema inmunológico y mejoran la digestión) y está fortificado con vitaminas y minerales esenciales para el crecimiento, incluyendo hierro, zinc y vitamina D. Además, proporciona proteínas en cantidades adecuadas, asegurando un aporte equilibrado de macronutrientes vitales para el desarrollo saludable de los pequeños en esta etapa crítica de su vida.
3. Incorporar cereales integrales para una energía sostenida
Avena, pan integral y amaranto son alimentos que liberan energía de manera gradual, evitando picos de glucosa que generan cansancio o falta de concentración, además son fuente de fibra, indispensable para una digestión saludable.
4. Endulzar con ingredientes naturales
Plátano maduro, puré de manzana, dátiles o calabaza son aliados para sustituir el azúcar refinado en postres y colaciones caseras. Estos ingredientes no solo aportan dulzor, sino también nutrientes adicionales y una mejor textura en las preparaciones.
5. Leer las etiquetas nutricionales
Como tip adicional es importante aprender a leer las etiquetas de los productos que se consumen en casa y priorizar en los que consumen los niños, que contengan ingredientes adecuados a sus necesidades nutricionales y estén creados para esta etapa de vida.
Diferencia entre el azúcar natural y el azúcar añadido
El azúcar está presente en nuestra dieta de distintas formas, pero no todas impactan de la misma manera en nuestro organismo. El azúcar natural, aquel que se encuentra en frutas, verduras y leche, llega acompañado de nutrientes esenciales como vitaminas, minerales y fibra, convirtiéndolo en un aliado del desarrollo y la energía diaria. En cambio, el azúcar añadido, que se incorpora durante la preparación de alimentos y bebidas, aporta calorías vacías y carece de beneficios nutricionales, convirtiéndose en un riesgo cuando se consume en exceso. Elegir conscientemente entre uno y otro puede marcar la diferencia en la salud de los más pequeños a largo plazo.
“Cada decisión alimentaria de los padres impacta en el futuro de sus hijos. Con nuestras opciones sin azúcares añadidas, ofrecemos nutrición especializada, fomentando hábitos saludables desde la infancia. Todos nuestros productos están científicamente formulados para aportar los nutrientes esenciales y promover la aceptación de sabores naturales, apoyando un desarrollo equilibrado”, comenta Germán López, VP de Nestlé Nutrición.
Impulsar una nutrición sin azúcares añadidos desde la infancia es una inversión en el bienestar de las próximas generaciones. Con pequeños cambios en la mesa familiar y en las escuelas, es posible construir un entorno más saludable y sostenible para los niños.
