Por Diana Alarcón Elizondo
IG” @lamaladelcuento23
En el marketing moderno, la premisa es clara: una marca que no cumple su promesa básica está condenada al rechazo. En el ámbito político, esa promesa es la gestión del bienestar. Sin embargo, los últimos movimientos del partido Morenarevelan una estrategia de comunicación que prioriza el impacto mediático superficial sobre la Reputación Institucional, generando una desconexión que podría ser costosa.
El «Glamour» como distractor: Un error de segmentación
La reciente promoción de figuras como Salma Hayek y el enfoque en la industria cinematográfica pretenden proyectar una marca país moderna y exitosa. No obstante, en términos de reputación, este movimiento es un desatino estratégico.
Cuando tus «KPIs» (indicadores clave) en seguridad están en rojo y las crisis humanitarias —como las de las madres buscadoras— dominan la conversación digital, intentar vender «estrellas de cine» es una falta de empatía de marca. No se puede hacer marketing de lujo en un entorno de crisis sin parecer indolente. La reputación no se construye con alfombras rojas, se construye con coherencia.
Crisis de Marca: Cuando el Marketing de Morena ignora la Realidad del «Consumidor» Político
La «Farándula» como veneno reputacional
La participación de un diputado activo en un reality show es el peor mensaje de marketing que un partido puede enviar. Representa la devaluación del producto:
1. Falta de respeto al cliente (el elector): Si el representante prefiere el rating que la curul, el mensaje implícito es que el cargo público no tiene valor.
2. Gestión reactiva, no proactiva: El hecho de que Morena solo reaccionara cuando la presión en redes sociales fue insostenible demuestra que no hay un manual de crisis basado en valores, sino en el control de daños de imagen. Se cuida el «feed», no la ética.
El Liderazgo Desapegado: ¿Un mensaje de «Silent Quitting» gubernamental?
Desde la óptica del marketing de liderazgo, la figura de la Presidenta Claudia Sheinbaum está proyectando una identidad de marca «desapegada». Al normalizar o minimizar que un funcionario falte a sus labores o al dar respuestas técnicas ante tragedias humanas, se rompe el vínculo emocional con la audiencia. Creo que nunca la habia visto sonreir tanto, como cuando estuvo con Salma en su sonadísima conferencia de prensa para presentar los estímulos a la cinematografía. Y si Salma no se queda atrás, su mensaje alabando la labor de la presidenta y las gobernadoras de Sonora y Veracruz, estuvo de más, en un país donde corre sangre todos lo días, a estas alturas no sé cuántos fans haya perdido.
En reputación, el silencio o la frialdad se interpretan como desinterés. Si el mensaje que llega al ciudadano es que «no importa que el diputado no esté», el subtexto para el mercado electoral es: «no nos importa el país». Esto no es solo un mal discurso, es una erosión sistemática del capital político.
Conclusión: El riesgo de la marca «Indiferencia»
El partido Morena parece estar apostando a que el marketing de entretenimiento y el control de la narrativa digital pueden sustituir a la gestión real. Pero la reputación es un activo que se agota. Jugar al espectáculo mientras las cifras de seguridad caen es una apuesta arriesgada que deja una marca indeleble: la de un gobierno que prefiere los reflectores a la responsabilidad.
El marketing político puede ganar elecciones, pero solo la congruencia mantiene la reputación.
En fin, nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, pero sobre todo si mi editor que ya debe estar cancelando su suscripción para ver la Casa de los Famosos Telemundo por culpa del Mayer, me lo permiten.
