Por Diana Alarcón Elizondo
IG: @lamaladelcuento23
En el marketing, existe una regla de oro: la promesa de marca debe coincidir con la experiencia del cliente. Cuando una marca —ya sea comercial o política— lanza un mensaje poderoso pero actúa de forma opuesta, se produce una disonancia cognitiva que destruye la confianza. Este 8 de marzo de 2026, México se encuentra en medio de una de las crisis de coherencia de marca más agudas de su historia reciente.
1. El desacierto del «Real-Time Marketing» oficial
La comunicación digital exige agilidad, pero nunca a costa de la empatía. Recientemente, la cuenta oficial en X de la Presidenta Claudia Sheimbaum lanzó un mensaje haciendo alusión al hit de Shakira: «Las mujeres ya no lloran…», en el contexto del concierto de la colombiana llevado a cabo en el zocalo de la CDMX el 1 de marzo, tan solo una semana despues de la detención de “El Mencho”.
Desde una perspectiva de reputación de marca, este es un error de lectura de audiencia monumental. Mientras la narrativa oficial busca subirse a la tendencia de la cultura pop, la realidad de las madres buscadoras y las víctimas de violencia permanece en un punto ciego. Un «community manager» o un estratega de comunicación no puede priorizar el engagement de un concierto por encima de la crisis humanitaria de sus «stakeholders» más vulnerables. La comunicación de Estado no es un club de fans; es una responsabilidad ética.
2. El «Packaging» del Zócalo: Ciudad Feminista entre Vallas
El sábado 7 de marzo, el evento masivo en el Zócalo buscó posicionar a la CDMX como una «Ciudad Feminista». Sin embargo, el merchandising visual de la capital contó una historia distinta: un Zócalo blindado por vallas metálicas de altura sin precedentes.
En marketing, el espacio físico es parte del mensaje. Si tu narrativa habla de apertura y sororidad, pero tu «punto de venta» (en este caso, el espacio público) está cerrado y protegido contra tu propio público objetivo, el mensaje se anula. Las vallas funcionan como un antibranding; son el símbolo físico de la desconexión entre el discurso y la apertura al diálogo.
3. La Sororidad como KPI, no como eslogan
Las marcas comerciales también están bajo la lupa. Este 2026, el consumidor es más crítico que nunca con el «Purplewashing». Ya no basta con poner el logo morado en Instagram. Las marcas que están ganando relevancia son aquellas que:
• Muestran resultados internos: Empresas que reportan transparencia en brecha salarial y políticas de cuidado.
• Invierten en prevención: Como el caso de plataformas que integran salud laboral y mental (como Betterfly), entendiendo que la sororidad corporativa se mide en bienestar, no en posts.
• Escuchan antes de hablar: Marcas que ceden sus espacios de comunicación a las verdaderas protagonistas de la lucha.
4. Responsabilidad en la cima
La comunicación de la mandataria del país es, en esencia, la identidad de la marca México. Cada palabra, cada tuit y cada silencio envían señales a los mercados, a la sociedad y a la comunidad internacional.
La sororidad no puede ser selectiva. No se puede ser feminista para la foto y el concierto, e indiferente ante el reclamo de justicia en las fiscalías. En 2026, el marketing más efectivo no es el que tiene el mejor copy o la mejor producción, sino el que tiene la valentía de la coherencia.
Si las mujeres ya no lloran, es porque están exigiendo resultados. Y en marketing, como en la política, los resultados son la única métrica que realmente importa.
¡Nos leemos en la próxima columa si Dios, la inspiración, los corajes que pego a diario por mensajes como estos, y si mi editor a quien solo hoy le mando un saludo, me lo permiten!
