Por Diana Alarcón Elizondo
IG: @lamaladelcuento23
Hace veinte años, un «cerúleo» era suficiente para dictar el ritmo de una industria. Hoy, ese mismo tono tiene que sobrevivir a un baile de 15 segundos en TikTok, a un hilo en X y, sobre todo, a la implacable tiranía del clickbait. El estreno de la secuela de El Diablo Viste a la Moda no es solo un golpe de nostalgia; es una radiografía cruda de cómo el marketing, la comunicación y el periodismo han tenido que mutar para no morir.
Aquí las lecciones que nos deja esta nueva entrega:
1. El fin de la era del contenido «curado»
Miranda Priestly se enfrenta a su mayor enemigo: no es otra editora, es la métrica. La película refleja magistralmente cómo el valor del contenido se ha desplazado hacia los clicks. Ya no importa tanto la profundidad de una editorial de moda, sino cuántas personas entraron a la nota. Para los profesionales del marketing, la lección es clara: la evolución es inevitable. Si no te adaptas a las nuevas tecnologías y a las narrativas digitales, te conviertes en una pieza de museo, por muy Chanel que sea tu chaqueta.
2. La «Generación de Cristal» vs. El liderazgo de acero
Uno de los puntos más interesantes de la trama es el choque generacional. Vemos a una Miranda que debe navegar en un mundo de «cristal», donde el miedo a herir susceptibilidades o a ser «cancelado» dicta las decisiones corporativas. Como líderes de marketing, nos enfrentamos al reto de mantener la excelencia y la exigencia sin perder la empatía, entendiendo que las formas de comunicación interna han cambiado tanto como las externas.
3. ¿Renunciar o evolucionar? El dilema de la cima
Sin caer en spoilers, la película nos muestra a una Miranda cuestionándose si el esfuerzo por mantenerse en la cima sigue valiendo la pena. En marketing, esto se traduce en la capacidad de saber cuándo una estrategia ya cumplió su ciclo. Saber retirarse o pivotar hacia un nuevo comienzo es tan valioso como haber alcanzado el éxito inicial. Saber convivir con el tiempo es la verdadera maestría.
4. El efecto «Cameo»: El marketing de la sorpresa
La película es una cátedra de relaciones públicas. Ver a marcas y figuras como Donatella Versace, Heidi Klum y la impactante presencia de Lady Gaga nos recuerda que el influencer marketing de alto nivel sigue siendo la moneda de cambio más poderosa.
Y como que alcancé a ver a Meghan Markle ¿si era ella? ¡diganme! Este tipo de ambigüedad es marketing puro; genera conversación, teorías y, por supuesto, más engagement. La capacidad de integrar a estas personalidades de forma orgánica es lo que separa a una marca de lujo de una convencional.
El Diablo Viste a la Moda 2 nos enseña que las nuevas oportunidades siempre están ahí, pero solo para quienes están dispuestos a aprender el lenguaje del presente. La moda cambia, las plataformas mueren y nacen, pero el instinto para detectar la relevancia sigue siendo el accesorio más importante de cualquier mercadólogo.
Y ustedes, ¿a qué otros iconos alcanzaron a ver en los cameos? La lista parece infinita y cada uno es una lección de branding personal por derecho propio.
¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, pero sobre todo si mi editor que ya debe estar comprando sus boletos para ir a ver esta peli y ver todo lo que pasa en nuestro mundo del “pi-ar” de la moda, me lo permiten!
