Por Diana Alarcón Elizondo
IG: @lamaladelcuento23
En la era de la hiperconectividad, el micrófono es un arma de doble filo. La línea que separa la opinión personal de la responsabilidad pública es cada vez más delgada, y parece que a varias figuras de los medios les urge un curso intensivo de manejo de crisis y reputación de marca. Ya sea bajo la presión del análisis deportivo o en la comodidad de una sala de espectáculos, los recientes tropezones mediáticos demuestran que el costo de no pensar antes de hablar se paga caro: con la pérdida de credibilidad y el rechazo inmediato de la audiencia.
El entorno deportivo siempre eleva las pasiones, pero la falta de diplomacia digital ha cobrado facturas esta temporada. El caso del periodista argentino Eduardo Feinman que lanzó duras descalificaciones hacia México, o el de Eddy Vilard de Fox Deportes, quien transitó de la actuación a los comentarios deportivos para terminar hablando despectivamente de la selección de Ecuador previo a su encuentro con México, son ejemplos claros de cómo el chovinismo mal entendido destruye el valor de una marca personal.
Del mismo modo, el incómodo momento protagonizado por el periodista deportivo Mauricio Ymay frente a las protestas de los maestros de la CNTE dejó en evidencia la falta de preparación para reaccionar ante la realidad social fuera del guion del estudio. Cuando eres un líder de opinión y seas del medio que seas en una plataforma masiva, la línea entre el análisis y la agresión —o la soberbia— no debe cruzarse.
Pero si en el deporte la tensión es alta, en el terreno del entretenimiento el descuido es letal, especialmente cuando se vulneran causas con las que la audiencia tiene un vínculo emocional profundo. La regla de oro actual del marketing de reputación es clara: con los perritos no.
La reciente «funa» masiva que han recibido figuras icónicas del espectáculo como Pati Chapoy y Pedro Sola es el vivo reflejo de este fenómeno. Las críticas desatinadas en torno a los animales detonaron una ola de indignación que obligó incluso al propio «Tío Richi» (Ricardo Salinas Pliego) a salir en defensa de los animales, recordando que su única labor es dar amor y, en muchos casos, salvar vidas.
En un país como México, la sensibilidad hacia los animales no es un tema menor; está arraigada en la memoria colectiva gracias a héroes de cuatro patas como Frida y Proteo, quienes arriesgaron sus vidas en desastres naturales y hoy tienen monumentos que inmortalizan su labor. Atacar o menospreciar este terreno es un suicidio publicitario. Para Pedrito Sola, a quien se le nota un tono cada vez más amargado y harto al aire, este resbalón podría ser el definitivo si no hay una intervención de imagen urgente. Las audiencias ya no perdonan la condescendencia.
Lo mismo aplica para la prensa internacional, como se vio con la periodista ecuatoriana Alejandra Jaramillo que trabaja en Televisa Univision se burló de la derrota del partido México Ecuador, demostrando que la falta de tacto cruza fronteras.
Ser un líder de opinión no cancela la libertad de expresión, pero sí exige una responsabilidad ética. Las opiniones personales no pueden convertirse en vehículos de violencia, discriminación o insensibilidad. En el ecosistema mediático actual, la empatía y la lectura correcta del entorno no son opciones; son activos comerciales indispensables. Quien no lo entienda, está destinado a ser cancelado por el algoritmo más implacable de todos: el control remoto y el scroll de la audiencia.
¡Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, pero sobr todo si mi editor que seguro debe estarme dando la razón en cada una de mis palabras de esta semana, me lo permiten!
