Guillermo del Toro lo volvió a hacer, en su tan esperada versión de «Frankenstein» nos contó la historia que todos conocemos, la aderezó con su toque característico de nostalgia y la convirtió en una pieza de arte que reflexiona profundamente sobre la vida y la muerte.
«Frankenstein», se estrenó este 7 de noviembre en Netflix y miles de suscriptores comenzaron a comentarla en redes sociales, alabando el trabajo del cineasta mexicano. No es para menos, Del Toro es un contador de historias único; la narrativa y ritmo de la película nos mantienen al borde del sillón sin parpadear, y su meticulosidad en los detalles la hacen visualmente hermosa.
Pero entremos en materia, «Frankenstein», a la vista profundiza sobre el sentido y propósito de la vida y la muerte, la condena que implica elegir el dolor y el sufrimiento como forma de vida, y la libertad que existe en la aceptación, el arrepentimiento y el perdón.
Por otro lado, si ahondamos más, también es una analogía del contexto social actual. ¿Cuántas tecnologías son creadas sin considerar los efectos secundarios? ¿Cuántas cosas se hacen o dicen sin pensar en cómo afectará al otro? Estamos viviendo de superficialidad y hemos olvidado la importancia de los vínculos afectivos y conexiones humanas.
La elección es la semilla del alma
«Frankenstein», a mi parecer, es una llamada de atención a tratar a las personas con la dignidad que merecen, así como una autorreflexión sobre la vida misma con jalón de oreja incluido mientras nos dice:
“Así, con el corazón quebrantado, hay que continuar viviendo, por que mientras estemos vivos, qué otra opción tenemos”.
O sea, ¡ya, ya, ya! Bájale a tu drama, a «Frankenstein» le quitaron la opción de morir, pero no lo único que verdaderamente le pertenecía y que, dicho sea de paso, a todos nos pertenece: la elección de la actitud con la que se afronta la vida.
Un mensaje fuerte y claro que no sé ustedes, pero a mí sí me dejó pensando ¿qué shingados estoy haciendo con mi vida?
