Por Diana Alarcón Elizondo
En el manual tradicional del marketing político y la gestión de reputación, existe una regla no escrita pero mil veces ejecutada: si no puedes apagar el fuego, construye un espectáculo que concentre todas las miradas.
En pleno 2026, la crisis de violencia contra la prensa en México y la vulnerabilidad en la libertad de expresión continúan registrando cifras escalofriantes. Sin embargo, lo que hoy enfrentamos no es únicamente un problema de seguridad física y digital para quienes ejercen el periodismo; es un problema sistémico de ingeniería de la conversación pública y de manipulación de la agenda mediática (agenda-setting).
La estrategia del ruido controlado
Desde la comunicación gubernamental y las plataformas institucionales, hemos presenciado un desplazamiento deliberado de las prioridades informativas. Mientras organismos de derechos humanos y gremios periodísticos exigen protocolos reales de protección, garantías para la seguridad de la información y justicia para los comunicadores caídos, la pauta oficial opta por la cultura del entretenimiento.
El contraste visual y narrativo es abrumador. En la Mañanera y los espacios de comunicación presidencial, la atención que legítimamente debería dirigirse hacia las madres buscadoras o a las familias de los periodistas asesinados se diluye en favor de notas festivas, anuncios de festivales musicales masivos o apariciones mediáticas con figuras del espectáculo urbano como El Bogueto.
Desde la perspectiva del marketing, esto no es improvisación ni casualidad: es una estrategia de distracción por saturación.
Inundación de conversación ligera: Al introducir elementos de la cultura pop y el entretenimiento en espacios de comunicación de estado, se genera un pico de conversación en redes sociales (memes, tendencias, debates sobre cultura popular) que desplaza de los algoritmos los temas de alta fricción política.
Humanización artificial del poder: Se busca proyectar una imagen de cercanía y «buen ambiente», construyendo una narrativa donde la prioridad aparente es el esparcimiento del pueblo, mientras se invisibiliza el dolor social acumulado.
Desgaste de la indignación: Al negar el espacio principal a los colectivos de búsqueda o a las demandas de justicia del gremio periodístico, se fuerza a las víctimas a protestar desde la periferia, desgastando su capacidad de impacto en la opinión pública masiva.
La seguridad de la información en la era del espectáculo
El verdadero peligro de convertir la comunicación de estado en un circo mediático es la degradación de la seguridad de la información. Cuando el debate público se vuelve superficial, el valor periodístico de la investigación, el contraste de datos y la verificación sufren un ataque doble: por un lado, la violencia física que silencia voces en las regiones más vulnerables del país; por el otro, la descalificación y el sofocamiento narrativo desde los micrófonos con mayor alcance de la nación.
Informar en México sigue siendo una profesión de alto riesgo, no solo por las balas o las amenazas digitales, sino por una maquinaria de comunicación que prefiere el trending topic efímero antes que responder por la vida y la memoria de quienes investigan la verdad.
El reto para las marcas, medios y audiencias
En este panorama de 2026, la responsabilidad del ecosistema de la comunicación es enorme. Si el marketing político insiste en priorizar el show sobre la realidad, el periodismo independiente y los profesionales de la información deben resistir la tentación del clic fácil.
Ceder la agenda informativa al espectáculo del momento no es neutralidad: es complicidad con el olvido. La libertad de expresión no solo se defiende exigiendo que no se asesine a los periodistas, sino garantizando que sus investigaciones y las causas de las familias que buscan a sus desaparecidos sigan teniendo el lugar central que merecen en la conversación pública.
Sin verdad y sin memoria, ningún espectáculo es motivo de celebración. Nuestro más sentido pesame a todas las familias de los periodistas que ya no están
Nos leemos en la próxima columna si Dios, la inspiración, y sore todo si mi editor que a estas horas debe estar teniendo aún depresión post Mundial me lo permiten
